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De Biden al FMI: el impuesto mínimo global a empresas llega para luchar contra la elusión fiscal

En las últimas horas, Joe Biden y su secretaria del Tesoro, así como el FMI o Pedro Sánchez, se han pronunciado a favor de un impuesto mínimo global para empresas

Por Yago Álvarez Barba

Parecía imposible que el debate sobre el dumping fiscal y la constante bajada en la aportación de las empresas a las haciendas públicas de todo el planeta fuera a venir desde Estados Unidos. Sobre todo tras ver cómo Trump redujo el Impuestos de Sociedades (IS) norteamericano del 35 al 21% apuntándose a dicha carrera. Pero los vientos cambian para la lucha contra la elusión fiscal empresarial tras las declaraciones de Janet L. Yellen, secretaria del Tesoro estadounidense de la nueva era Biden, este mismo lunes: “Estamos trabajando con los países del G20 para acordar un tipo mínimo del impuesto de sociedades a nivel mundial que pueda frenar la carrera a la baja”.

En un hilo en Twitter, Yellen era más específica sobre las intenciones de esas negociaciones: “Se trata de garantizar que los gobiernos tengan sistemas fiscales estables que recauden suficientes ingresos para invertir en bienes públicos esenciales y responder a las crisis, y que todos los ciudadanos compartan equitativamente la carga de la financiación del Gobierno”.

Cuando la crisis aprieta, los mantras liberales se desmoronan. La Administración Biden lo sabe y no lo esconde. Un periodista preguntó al presidente este mismo lunes, 5 de abril, si no temía que las empresas se vayan del país con la subida de impuestos empresariales que ha anunciado. Biden fue claro: “Para nada, porque no existe ninguna evidencia de que eso ocurra”. De un plumazo, el nuevo habitante de la Casa Blanca desmontó el mantra de la huida de empresas y se reafirmó en la subida de impuestos propuesta. “El asunto es el siguiente: Wall Street no construyó este país, sino la gran clase media estadounidense. Es hora de que reconstruyamos la clase media”, afirmó también Biden en el Twitter oficial del presidente, la misma cuenta con la que Trump defendía su “Make America Great Again” a base de bajadas de impuestos.

En la misma intervención ante las cámaras, el presidente hizo alusión a uno de los nuevos escándalos fiscales en los Estados Unidos. Un estudio realizado por el Institute of Taxation and Economic Policy ha mostrado que 55 multinacionales estadounidenses, entre las que se encuentran Nike o la empresa de paquetería FedEx, no pagaron ni un solo dólar en impuestos federales sobre beneficios en 2020. En caso de que hubieran pagado el 21% de sus beneficios, las 55 empresas habrían pagado un total colectivo de 8.500 millones de dólares en 2020, según el estudio. Pero, en cambio, lo que recibieron fueron 3.500 millones de dólares en rebajas fiscales. La investigación ha corrido como la pólvora por las principales portadas de los medios estadounidenses en un momento de crisis económica y sanitaria que ha dado legitimidad y alas al nuevo presidente.

Las acciones de Biden y Yellen van cogidas de la mano. El presidente anuncia que subirá el IS del 21% al 28%, mientras Yellen presiona al G20 para que se marque un IS mínimo que no haga que el hueco entre ese 28% que señala el presidente y el resto sea demasiado amplio. Ahora la pregunta es: ante la presión del Tesoro estadounidense, ¿qué harán el resto de países? ¿Qué hará la Comisión Europea? ¿Le dirá a Irlanda, Países Bajos o Luxemburgo que deberán subir el impuesto a un mínimo acordado? No será fácil, pero el debate, al menos, se abre.

Movimiento histórico contra el dumping fiscal

“Un impuesto mínimo global elevado puede cambiar la cara de la globalización”, afirmó en redes sociales Gabriel Zucman, economista francés y profesor de la Universidad de Berkeley, que argumentaba que la medida podría hacer que “sus principales ganadores (las empresas multinacionales) paguen más impuestos, en lugar de que paguen cada vez menos”, tal y como lleva ocurriendo en las últimas tres décadas. Junto a Emmanuel Saez, Zucman ha publicado el libro El triunfo de la injusticia (Taurus, 2021), en el que, entre otras medidas fiscales, defiende el impuesto mínimo global. La investigación llevada por los dos economistas y que se refleja en el libro señala que “si los países del G20 impusieran mañana un tipo mínimo del 25% a sus multinacionales, más del 90% de los beneficios mundiales pasaría inmediatamente a estar efectivamente gravados al menos al 25%”. 

“Un impuesto mínimo global elevado puede cambiar la cara de la globalización”, afirma el economista Gabriel Zucman

En la misma línea se pronuncia Susana Ruíz, directora de fiscalidad de Oxfam, que ve este apoyo de Estados Unidos un “cambio radical” tras haber torpedeado el proceso de reforma fiscal internacional en el marco del G20 y la OCDE durante el mandato de Trump. Sumado a las intenciones de subir el IS por parte de Biden, las palabras de Yellen y el “compromiso por impulsar un mínimo global en la tributación empresarial sería un paso radical y necesario”, ha declarado a El Salto, “un cambio de 180º para frenar la elusión fiscal”.

España, Europa y el FMI a favor

Y mientras escribía estos párrafos, el debate salta el charco y llega hasta la Moncloa. Pedro Sánchez, en rueda de prensa, declara que ve fundamental abordar a nivel globlal “un tipo mínimo en el impuesto de sociedades”. El presidente se une así al señalamiento de aquellas empresas que “han revalorizado mucho su capitalización en bolsa pero que compiten en condiciones de desigualdad en otras empresas que sí pagan impuestos”. En cuanto a las palabras de Biden, Sánchez se alegra de que los Estados Unidos “haya abrazado esa agenda progresista en agenda económica que está defendiendo desde hace ya tiempo el Gobierno de España“.

El mismo día, y tras haber anunciado hace días que ven necesario implementar sistemas tributarios más progresivos donde las rentas altas contribuyan más a la salida de la crisis, el Fondo Monetario Internacional (FMI) se ha posicionado a favor del IS mínimo global. Su economista jefe, Gita Gopinath, ha declarado que el FMI está “desde hace tiempo a favor de un impuesto mínimo de sociedades a nivel global”, en referencia a la propuesta de Yellen. Gopinath ha explicado que para salir de esta nueva crisis harán falta tomar medidas fiscales de calado y que, los esfuerzos nacionales por parte de los Estados, “deberán complementarse con una sólida cooperación internacional para limitar la transferencia de beneficios y la evasión y elusión fiscal”.

Tras el anuncio del Tesoro de EE UU, Pedro Sánchez ha declarado que ve fundamental abordar a nivel globlal “un tipo mínimo en el impuesto de sociedades”

Para el secretario de Economía de Podemos, Nacho Álvarez, estos movimientos de Estados Unidos y el FMI van en la dirección correcta. “Los consensos macroeconómicos están cambiando rápidamente en estos últimos años, y España no puede quedarse descolgada de este avance”, afirma a El Salto. Además, recalca, “el Acuerdo de Coalición suscrito entre Unidas Podemos y el PSOE ya contempla esa misma medida para el caso de España: una reforma del Impuesto de Sociedades que garantice una tributación mínima del 15% para las grandes corporaciones”.

La Comisión Europea (CE) no ha hecho una declaración oficial, pero Daniel Ferrie, uno de los portavoces de la CE en cuestiones económicas, ha sido preguntado por las declaraciones de Yellen, a las que se ha mostrado esperanzador y ha dejado ver que este nuevo impulso estadounidense acerca un posible acuerdo en junio de este año, fecha en la que la OCDE primero, y el G20 después, se reunirá para tratar el delicado y atascado tema de la fiscalidad de la economía digital y la elusión de impuestos por parte de las multinacionales.

¿Qué tipo mínimo y dónde se paga?

Abierto el debate sobre el impuesto mínimo, saltan otros sobre su funcionamiento. El principal es fijar cuál será el impuesto sobre los beneficios que se tendrá que recaudar como mínimo en los países que se unan a este acuerdo. Algunas voces, como la de Zucman, señalan un 25% como una cota inferior aceptable e incluso baja, dada los tipos impositivos de otros tiempos de crisis, como después de la II Guerra Mundial y durante la Guerra de Corea, donde el IS en Estados Unidos se elevó hasta el 47%.

Ruíz es unas centésimas más conservadora: “Será un cambio histórico si se logra que las grandes empresas paguen al menos un 21% sobre sus beneficios en cada uno de los países en los que están generando valor”, aunque también teme que se cierre un acuerdo de un tipo impositivo más bajo, como del 12,5% tal y como existe en Irlanda, y que al final los países usen ese tope por abajo para acabar bajando todos sus IS a dicho límite, lo cual sería una pérdida todavía mayor para las arcas públicas de todos los países. Habrá que esperar a julio o a las próximas declaraciones de Yellen y la CE para ver por dónde van los tiros.

“Será un cambio histórico si se logra que las grandes empresas paguen al menos un 21% sobre sus beneficios en cada uno de los países en los que están generando valor”, Susana Ruíz de Oxfam

El economista de Podemos, que ha citado anteriormente el 15% del acuerdo de su partido con el PSOE, lamenta que “hoy en día muchas grandes multinacionales están muy por debajo del 10% en el tipo efectivo, gracias a las distintas exenciones y desgravaciones fiscales de las que se beneficia”. Para Álvarez, fijar un tipo mínimo a escala global “permitirá no sólo repartir de forma más justa la carga tributaria en los países de la OCDE –reforzando la progresividad–, sino también ampliar el margen fiscal para hacer frente a la reconstrucción económica tras la pandemia”, concluye.

El otro escollo o gran incógnita que se debe despejar en julio es dónde deberán tributar las empresas. Aquí entran muchos otros factores, como las nuevas formas de crear rentas de la economía digital o los miles de acuerdos de doble imposición bilaterales firmados entre todos los países. Estados que se aprovechan de las técnicas de erosión de la base imponible y la transferencia de ingresos (BEPS por sus siglas en inglés) realizadas por las multinacionales para ahorrar en impuestos, como lo son Irlanda, Países Bajos o Luxemburgo, así como las propias empresas, capitaneadas por las grandes tecnológicas estadounidenses, querrán jugar sus cartas y boicotear de todas las formas posibles el posible acuerdo.

Pero, a falta de despejar dudas, el debate se ha abierto en canal en tan solo unos días. Los mantras son apartados por parte de los primeros gobiernos del planeta y los que antes abrazaban la carrera de impuestos a la baja y consentían el dumping fiscal parece que están dispuestos a taponar la sangría. Estados Unidos empuja el debate y los empujones yankis siempre tienen mucha fuerza en los cambios y reconfiguraciones económicas mundiales.

“El sistema fiscal internacional tiene que recuperar equidad y ser más redistributivo, no sólo para aumentar la recaudación en Estados Unidos sino en todos y cada uno de los países”, afirma la coordinadora de Oxfam. Palabras en las que podemos encontrar gran paralelismo con la frase que Yellen ha dicho tras pedir una mayor colaboración mundial para atajar esta crisis: “America first must never mean America alone” (América primero nunca debe significar América sola). 

Fuente

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