La IV revolución industrial. La economía está cambiando (1)

Economía

La IV revolución industrial

por José Luis Alonso Gajón

A veces los árboles cercanos nos impiden ver el bosque. Otras, muchas, son los medios de comunicación los que dirigen nuestra atención a montajes mediáticos para que no veamos ¡ni los árboles! Y, siempre, el poder hegemónico modela nuestra forma de pensar con conceptos y formas de ver y analizar que nos conduzcan  o bien a aceptar sus análisis o a creer que la realidad es imposible de cambiar ¡y menos por nosotros!

Fue Gramsci el que partiendo de que “La realidad está definida con palabras. Por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad” llamó hegemonía cultural a los mecanismos invisibles mediante los que la  forma de comprender la realidad y la ética de las clases dominantes pasan a ser parte de “el sentido común” y mediante su repetición constante por los creadores de opinión (intelectuales “orgánicos” y medios de comunicación) las clases bajas las experimenten como algo natural e inevitable y acaben convencidos de ellas. Ante esta situación plantea la necesidad “vivir sin ilusiones y sin desilusionarse” es decir no desilusionarse con la lucha constante y ver más allá de las «ilusiones» falsas que nos crean para poder pensar críticamente acerca de la visión que se nos impone creando un “pensamiento contrahegemónico”. Ejemplos de este tipo tenemos en el pensamiento feminista, en el ecologista y en la corriente de la ·”economía critica”

La clase dominante se cree sus propias mentiras pero su elite tiene a algunos grandes   cerebros a su servicio para que le analicen constantemente la realidad, sus tendencias y posibles escenarios de actuación. Parte de esos estudios son confrontados con otros colegas en determinados foros, dándose así la paradoja de que algunas de las ideas mas rompedoras e innovadoras no estén ni en los foros de la izquierda, ni en los universitarios y haya que buscarlas en foros muy minoritarios y especializados. Como ejemplo véase mas adelante las aportaciones de Larry Summers y J. B. Delong  sobre la nueva economía que viene.

Vamos pues a dedicar varios escritos a debatir, con los que queráis hacerlo, algunas visiones sobre las nuevas economías que nos están llegando ya.

La IV Revolución Industrial

La Pandemia ha acelerado un conjunto de procesos que ya estaban en marcha como el cambio tecnológico que se ha denominado como IV Revolución Industrial expresión no muy afortunada (es evolución y no se ciñe a la industria) creada por Klaus Schwab, en el  Foro Económico Mundial del 2016, para señalar el fin de la tercera revolución industrial (la digital que ha estado en vigor desde mediados del siglo XX) y la entrada en las nuevas tecnologías de campos como la robótica, la inteligencia artificial, la cadena de bloques, la nanotecnología, la computación cuántica, la biotecnología, el Internet de las cosas, la impresión 3D, y los vehículos autónomos.

Esta acumulación tecnológica es fruto del capitalismo que tiende intrínsecamente, por la competencia entre las empresas, a un crecimiento exponencial tanto del capital físico como de las mejoras tecnológica y, como resultado, a una mayor productividad de la mano de obra. Así lo vio Keynes en su librito “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” en el que pronostico que la rápida acumulación de capital físico y de “eficiencia técnica” con un crecimiento exponencial, llevaría a lo largo de unos 100 años a una etapa postcapitalista.

Su razonamiento es totalmente actual: “De momento, la misma rapidez de estos cambios nos está perjudicando y generando problemas difíciles de resolver”. Ya que aumenta el “desempleo debido a nuestro descubrimiento de medios para economizar el uso del trabajo que supera el ritmo al que podemos encontrar nuevos usos para el trabajo. Pero esto es sólo una fase temporal de inadaptación.” El resultado final será que la escasez que ha sido “el problema permanente de la raza humana” desaparecerá y ello conllevará una necesaria adaptación pues “la humanidad se verá privada de su objetivo tradicional y tendrá que desarrollar otras actividades creativas diferentes del trabajo productivo”.

Setenta años después, J. B. DeLong y Larry Summers el 2001 constatan que esta etapa ha llegado mediante una comunicación con un título neutro: “The ‘new economy’: background, historical perspective, questions, and speculations” y un contenido demoledor. Lo que da más fuerza a la comunicación es el entorno (la reunión anual de trabajo de la Reserva Federal Americana, en Kansas City) y los autores. “Larry”, como es nombrado habitualmente en los círculos económicos del poder, es casi una institución que alterna la Administración, la Universidad y el asesoramiento a las grandes empresas. En ese momento era Secretario del Tesoro con Clinton, fue después Rector de Harvard, jefe del Gabinete Económico de Obama, y antes había sido economista jefe en el Fondo Monetario Internacional en los años 80, etc.). Delong es profesor de Harvard, fiel escudero de Larry y, probablemente, el creador de las ideas que ambos defienden.

Summers y De Long plantean que las nuevas tecnologías de la información tienen una mejora tecnológica exponencial y que, como están penetrando en todos los procesos económicos, están ocasionando un cambio en las curvas de producción. En efecto, los nuevos costes unitarios son siempre decrecientes y hacen desaparecer las antiguas ventajas de escala, que hacían que, a más tamaño de la fábrica hubiera un menor coste. El ejemplo más conocido es la creación de un nuevo programa informático, requiere de una fuerte inversión inicial en investigación, pero el sacar una copia mas no conlleva ningún coste. Lo mismo sucede con la edición de libros electrónicos, etc.

Con el nuevo tipo de curva de costes unitarios los mercados competitivos no funcionan. Antes el incremento de la demanda producía una subida del precio, lo que provocaba que los productores aumentaran su producción y los consumidores disminuyeran sus compras y el restablecimiento del equilibrio en un nivel más bajo de demanda. En la nueva economía un incremento de la demanda puede ser satisfecha a un precio aún más bajo (al dividir los costes fijos iniciales entre un mayor número de unidades) y. con frecuencia, el aumento de la demanda producirá una mayor eficiencia, incentivos e ingresos más altos, y precios más bajos, lo que origina una demanda aún mayor.

Una industria con altos costos fijos y casi inexistentes costos variables posee otra característica importante: la tendencia al monopolio. La regla general, en el sector de alta tecnología, ha sido que quien lidera el mercado amasa una gran fortuna, en cambio el que le sigue apenas alcanza a cubrir los costos y el resto quiebra rápidamente.

Con una gran sinceridad ambos autores reconocen: “Ha quedado claro que no es muy probable que el paradigma competitivo se ajuste a la nueva situación; sin embargo, todavía no sabemos cuál será el paradigma que cumplirá los requisitos para reemplazarlo.”

Citemos por último a Jeremy Rifkin que en el 2014 y en su libro “La sociedad de coste marginal cero” amplia esa tesis afirmando que hay otras dos revoluciones tecnológicas, en energías renovables y logística, cuyo costes están cayendo hacia cero y que, junto a la informática, van a producir una sociedad de la abundancia, con costes de producción decrecientes y necesidades de mano de obra mínimas, entre el 5 y el 10% de la población.

Rifkin considera que las revoluciones industriales surgen de la confluencia de una nueva fuente de energía, un nuevo medio de transporte y un nuevo medio de comunicación. En el s XVI fueron los molinos hidráulicos y de viento, las naos y la imprenta, en el s. XIX el carbón, el ferrocarril y el telégrafo, en el XX el petróleo, el automóvil y la radio/tv y en el XXI las energías renovables, la logística automatizada e Internet.

Se denomina Internet de las Cosas (IdC), según la expresión acuñada por Kevin Asthon en 1995), a la conexión en una tupida serie de redes inteligentes de comunicaciones, transporte y energía que englobara a cada empresa, cada vivienda, cada vehículo y todas las máquinas y objetos incluidos dentro de ellos.

Esta nueva revolución industrial es hija del capitalismo, pero por primera vez es incompatible con su padre ya que el mercado competitivo no funciona cuando el coste marginal de producir una unidad más, de muchos productos y servicios, tiende a cero. (energía solar, edición electrónica, enseñanza por Internet, etc.). La gran empresa también deja de tener una ventaja comparativa cuando la producción centralizada no disminuye los costes respecto a la pequeña empresa. Se mezclan las figuras de consumidor y productor surgiendo el proconsumidor (p. ej. con placas solares en el techo  de mi casa yo puedo en algunas horas producir energía para la red general y en ocasiones coger de esa red para mi consumo.)

La robotización y el Internet de las cosas lleva implícito que la mano de obra necesaria disminuye drásticamente no solo en las fábricas también en el comercio, las oficinas, la educación, la sanidad, incluso en los directivos.

Algunos estudios evalúan la pérdida de empleo mundial para el año 2030 (¡ya mismo!) entre 1.600 y 2.000 millones. En España se estima en una pérdida de 55,32% del empleo.

Por ello el “sistema fordiano”, (de Henry Ford: “Mis trabajadores compraran mis coches”) de distribución de una parte de la renta nacional a través del trabajo asalariado, deja de funcionar y la demanda solvente (la que tiene dinero) cae en picado.

Ello nos lleva a uno de los pocos conceptos salvables de la ciencia económica “oficial”, el denominado Flujo Circular de la Renta” que veremos en la próxima entrega. Porque voy a ir alternando una revisión de la actualidad económica con otra de los conceptos económicos que nos han enseñado y que, en mi opinión, en muchos casos enmascaran la realidad y dificultan su transformación.

José Luis Alonso Gajón, Ingeniero agrónomo, fue presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) del 2003 al 2008. Vicepresidente de Attac Aragón

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