La pandemia y la salida de la crisis sistémica

La pandemia y la salida de la crisis sistémica

Para una salida distinta a la crisis hay que abolir las deudas y desprivatizar la banca

Por Michael  Hudson, economista de la Universidad Missouri , Estados Unidos

La crisis pandémica ha acelerado e intensificado las contradicciones subyacentes del capitalismo. Muchas de estos conflictos se atribuirán simplemente al virus. Pero en realidad el virus está convirtiendo la crisis sanitaria en una crisis económica.

Estamos en una situación muy parecida a una guerra. Hay ganadores y hay perdedores en una guerra. En este caso, el ganador es el agresor, el sector financiero. Sus políticas han preparado el escenario para el colapso económico.

Las finanzas siempre han sido un gran factor desestabilizador.

En este momento tiendas, restaurantes, hoteles, líneas aéreas y otros negocios están cerrando u operando muy por debajo de los niveles de equilibrio. Estas empresas no pueden pagar su deudas a la Banca.

Los trabajadores que han sido despedidos no podrán pagar a sus acreedores. Los estados que se han endeudado tampoco podrán pagar por que sus ingresos fiscales se han hundido. En resumen la pandemia está creando una crisis fiscal como parte de una crisis general de la deuda.

¿Cómo salimos de esta crisis? ¿Qué hacer cuando las personas no pueden pagar su alquiler, su hipoteca o su tarjeta de crédito? ¿Qué hacer cuando son muchos los que no pueden pagar?

Creo que esta crisis está dejando al descubierto el “gran problema”. Es un problema que ha ocurrido con frecuencia en la civilización occidental durante los últimos 2.000 años.

Babilonia, las catástrofes y las deudas

Pero, ¿cuáles son las respuestas que la humanidad a dado al problema de la deuda?

¿Que hicieron las antiguas civilizaciones de Oriente Medio cuando tenían una población demasiado endeudada?

¿Que hicieron los babilonios y otros pueblos de esa región cuando los asolaba una inundación, una sequía, una guerra o una pandemia?

¿Cuál era la ley cuando los campesinos no podían cultivar ni cosechar y por lo tanto no podían pagar sus deudas?

En el 1.750 antes de Cristo, Hammurabi en Babilonia, dictó las leyes para manejar una situación de desastre. El párrafo 48 de sus Leyes decía que si Adad – el Dios del Clima – inunda las tierras de cultivo las deudas no deben pagarse. Los Asirios aplicaban la norma «borrón y cuenta nueva» con el objeto de crear condiciones de equilibrio hasta la próxima temporada de cosecha.

El problema es similar hoy en día: ¿cómo recuperarse de una interrupción económica que ha creado una importante pérdida en los ingresos?

Lo que Hammurabi y los otros gobernantes del Cercano Oriente hicieron (entre aproximadamente 2.500 a. C. y el siglo I a. C ) fue promulgar la amnistía a todo tipo de deudas. Si no hubieran hecho esas leyes los campesinos no habrían podido pagar a sus acreedores y habrían caído automáticamente en la esclavitud.

Los esclavos causaban un grave problema fiscal a los gobernantes porque estos trabajadores no pagaban al “Estado” impuestos , y los gobernantes no podían mantener el ejército ni construir infraestructuras para resguardar su soberanía.

Y esto no se podía permitir. Cuando Hammurabi (y los gobernantes de su época) abolían las deudas lo que estaban haciendo era evitar que surgiera una oligarquía acreedora como un poder superior al del estado .

Roma y la oligarquía

Todo esto cambió en la época romana. Las leyes romanas protegían a las élites de financieros y rentistas. Cicerón y otros próceres romanos establecieron una ley en apariencia inmutable, “ todas las deudas deben pagarse”. De hecho esto condujo a la esclavitud de los romanos y griegos más pobres. La oligarquía acreedora de Roma utilizó cada crisis como una oportunidad para apoderarse de la tierra de los pequeños propietarios y esclavizar a la población campesina.

Ahora, básicamente estamos viviendo la misma dinámica en el mundo occidental post-romano. Los acreedores están planeando comprar bienes inmuebles a los propietarios que no pueden pagar su hipotecas. Saben que en los próximos meses habrá un gran remate de propiedades producto de la bancarrota de parte de la población. Grandes fondos de capital privado ya han anunciado su intención de comenzar a comprar a quienes están en quiebra.

El despojo puede llegar a ser la norma. Los Estados y las ciudades enfrentarán una crisis de deuda con sus acreedores que son tenedores privados de bonos.

A las personas que no pueden pagar sus deudas se le está pidiendo que pidan prestado de sus fondos de pensiones o a sus cuentas de seguridad social. Eso significa que no recibirán la jubilación que necesitan para vivir.

La intención del sector financiero es utilizar esta crisis para transferir los ahorros de los asalariados a los tenedores privados de bonos. También, la deuda se está utilizando para despojar de sus activos a las personas de clase media, a los propietarios de viviendas, a los fondos de pensiones, a los pequeños ahorrantes.

Las deudas acumuladas se están utilizando para una guerra financiera. Es una estrategia más eficiente que una guerra con despliegue militar. Las reglas de este campo de batalla han sido redactadas por el sector financiero. Para el gran capital es una oportunidad para llevar a cabo el mayor despojo conocido desde la Gran Depresión del siglo pasado.

El resultado será que gran parte de las economías occidentales terminarán pareciéndose a la economía griega. En la Grecia devastada por la deuda se puede vislumbrar el futuro de los Estados Unidos y de Europa.

¿Quiénes son los grandes ganadores con la crisis del Covid 19?

A lo que nos enfrentamos ahora es a una deflación como un efecto de unas deudas masivas. Será la peor deflación desde la Gran Depresión de los años 30.

Con un cierre de al menos tres meses más no hay forma que los pequeños comercios y los asalariados puedan pagar el alquiler y sus deudas. Las pequeñas empresas irán a la quiebra y los trabajadores irán al paro.

Habrá una ola de bancarrotas y despidos. Esta ola se transformará en marea con la venta de bienes raíces a precio de remate. El desempleo crecerá, los salarios disminuirán, habrá recortes del gasto público en servicios sociales, transporte y otros programas fundamentales .

Se producirán masivas privatizaciones, al igual que en Inglaterra con Margaret Thatcher. Ahora se impondrán el modelo a Europa. En la actualidad, las reglas de la zona euro son que todo el dinero, todo el crédito que se necesita se debe pedir prestado a los bancos con intereses.

Los bancos pueden crear este dinero electrónicamente. El gobierno podría hacer lo mismo, pero ha renunciado a este derecho para privilegiar al sector bancario privatizado.

El problema es que los bancos privados no prestan dinero para crear medios de producción o medios de vida. No prestan dinero para construir fábricas. Los bancos prestan dinero a los invasores corporativos para comprar compañías a crédito y, sobretodo prestan dinero contra activos ya existentes (casas, edificios, empresas).

Y ya conocemos los efectos de este tipo de préstamos bancario; inflar el precio de los bienes raíces – porque una casa o un edificio vale lo que un banco le preste.

El sector financiero se ha vuelto cada vez menos productivo y más depredador. Los grandes capitales han impedido que los gobiernos europeos tengan un Banco Central que dirija el gasto a la economía real.

Los billones de euros del Banco Central Europeo (BCE) se destinan principalmente a los mercados de acciones y financieros, al mercado de bonos y al mercado inmobiliario, pero no a la producción.

En realidad Europa está gobernada por el BCE. Esto significa que los gobiernos europeos no son realmente democráticos ni soberanos. El Banco Central Europeo funciona para sus clientes, los bancos comerciales. Y los banqueros comerciales dicen: “nuestra función es ganar dinero, por tanto cuando hacemos un préstamo es para cobrar intereses y comisiones financieras”.

Esto significa que el excedente que producen los trabajadores europeos, es entregado al sector financiero. Sin saberlo la gente ha votado a favor de esta política. En efecto, han votado por salarios más bajos, recortes en los servicios públicos y pensiones más cortas.

¿Feudalismo financiero?

Los países europeos necesitan crédito para recuperarse. Pero la Eurozona se niega a proporcionar el crédito imprescindible para superar la suspensión de la actividad económica.

Se está creando algo muy parecido al feudalismo. En los Estados Unidos los préstamos estudiantiles y los préstamos a los asalariados se pueden pagar por el resto de la vida.

Parece un impuesto, pero en realidad es una forma de servidumbre feudal, de peonaje por deuda. Es un pago muy parecido al que los siervos medievales entregaban a los propietarios de la tierra.

Y como veremos, en pleno siglo XXI los asalariados, las pequeñas empresas e incluso las medianas empresas en Estados Unidos y en Europa tendrán que entregar gran parte de sus ganancias al sector financiero, para poder sobrevivir.

Esto puede parecer una forma loca de organizar la sociedad, pero así se ha estructurado la civilización occidental . Todo lo construido en los últimos años es para proteger los intereses de los acreedores. A diferencia de China, el crédito en Europa y Estados Unidos se ha privatizado

El crédito debe ser un servicio público

La oferta de crédito, como el dinero, debería ser una utilidad pública. Al igual que la salud pública debería ser una utilidad pública. Al igual que las carreteras y la comunicación deberían ser una utilidad pública. Europa ha permitido que el crédito se privatice de forma agresiva y depredadora.

Mientras los gobiernos subordinen la voluntad de sus votantes a lo que dictaminen los bancos centrales, este sistema no puede llamarse democracia. Aristóteles escribió, “muchas constituciones parecen ser democráticas, pero en realidad son oligárquicas. Las democracias tienden a evolucionar hacia una oligarquía. Y la oligarquía tiende a convertirse en hereditaria con una clase aristocrática dominante”.

En Atenas, Clístenes en 406 a. C, movilizó a los ciudadanos contra los aristócratas e hizo una revolución democrática. Pero se necesitaba una democracia mucho más radical e igualitaria porque lo que ocurrió es que la oligarquía regresó después de un tiempo al poder.

Esto es lo que ocurre ahora en Europa. Ya no es una democracia; es una oligarquía con una aristocracia financiera.

Muchos quisimos creer que Europa había derrocado a la aristocracia cuando se desarticuló a la realeza después de la Primera Guerra Mundial. Pero las elites gobernantes de vieja Europa abrieron el camino para un nuevo tipo de oligarquía, la aristocracia de las finanzas.

Tal vez, la pandemia sea el catalizador de una salida distinta de esta crisis. Pero para llevarla a cabo deberíamos abolir la deuda y desprivatizar el sector bancario.

Fuente

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