Países frugales, paraísos fiscales

Economía rentista

Países frugales, paraísos fiscales

Por Ignacio Muro

El uso recurrente del término “frugal”, sinónimo  de sencillo, sobrio, mesurado…  para definir a Holanda, Irlanda, Luxemburgo… países que comparten la ventaja comparativa que les aporta su especialización en un tipo de economía financiera y rentista, típica de paraísos fiscales, denota el éxito en la imposición de un marco ideológico favorable a determinados lobbies muy poderosos.

Esa manipulación del lenguaje pretende ocultar su capacidad de apropiarse de rentas obtenidas de los escasos recursos de países periféricos de Africa, Oriente Medio y la India, no solo de los países del sur de Europa. Era en todas esas periferias de donde Appel había extraído los beneficios causantes de la reclamación de la UE por 10.000 M€ que el Tribunal Europeo ha desechado.

A pesar de ello, las “nuevas cigarras” han construido un relato que les hace presentarse como hormigas ahorradoras, justificando una nueva forma de usura que envuelve los comportamientos ociosos en el rigor calvinista. Expertos en imponer sus criterios sobre los de la actividad productiva, están a punto de volver a ganar la batalla de los consensos dominantes.

La economía rentista que se postula como representante de las hormigas

Luxemburgo, el primer paradigma de la frugalidad, es una economía que ha hecho su particular cambio de modelo productivo sin mover un dedo:  si en los noventa su PIB dependía de la siderurgia como motor de crecimiento pasó, a base de reducir impuestos, a centrarse en el pujante sector financiero, que en 2016 representaba el 26% de su PIB el mejor símbolo de la sencillez de su “aparato productivo”.

La hegemonía de la economía financiera impide un debate sereno sobre las lineas de interés que interesa al desarrollo de Europa: la arquitectura institucional y el voto por unanimidad alimentan el escenario agónico de una batalla mil veces repetida en la que se ha terminado imponiendo el rigorismo más miope, incapaz de analizar las particularidades de cada crisis.

En realidad la “crisis de deuda del sur” es simplemente el anverso de los “paraísos fiscales del norte”. Nuestro fracaso es no ser capaces de evidenciar esa conexión de forma sistemática.

Holanda perjudica a España con su política fiscal en alrededor de 1000 M€ al año que son los ingresos fiscales eludidos solo en firmas estadounidenses. Si acumulamos el expolio fiscal producido desde la crisis del 2008, se obtiene una cifra de 10.000 M€ que es, aproximadamente, el valor de la cuota de riesgo que tendría que asumir Holanda, un 7% del PIB de la UE€, si se nos concediera un crédito de 120.000 millones de €. Nuestras necesidades financieras futuras han sido amortizadas, por anticipado, por sus lógicas de rapiña fiscal.

Ese mismo planteamiento se puede generalizar respecto al conjunto de “países frugales”.  Según cálculos de la Comisión Europea, la UE pierde más de 35.000 M€ de ingresos al año por elusión del Impuesto de Sociedades. En el caso de España, el agujero fiscal estimado ronda los 2.500 M€ al año, es decir 25.000 M€ en los últimos 10 años.  Ese importe es ya el pago anticipado de todos los intereses que debería pagar España en los próximos diez años por un préstamo de 120.000 M€.

Cuando las lógicas financieras lo distorsionan todo. 

El producto de los trabajadores españoles y de la mayoría de los países europeos es sistemáticamente ninguneado mientras engrosa las rentas ficticias de un pequeño grupo de países pequeños. Todas los parámetros económicos europeos, desde el PIB hasta la productividad está distorsionados por las mismas razones.

Según la Comisión Europea, Luxemburgo, Reino Unido y Suiza atraen la riqueza europea de los  gigantes digitales. En concreto, las multinacionales localizaron 271.000 M$ de beneficios en estos países con los que hincharon sus cifras de PIB, dejando para el resto de países de la UE la ridícula cifra de 102 M$.

En Irlanda las empresas consiguen 8 dólares de beneficios por cada dólar pagado en salario. Ese valor añadido contable distorsiona las cifras oficiales de productividad por empleado hasta límites ridículos. Irlanda tenia una productividad por empleado en 2016 de 106,5 M€, casi el doble de la alemana que es de 58,5 M€.  La productividad de “sus trabajadores” se dispara un 33% en los 5 años habidos entre 2011 y 2016, mientras la alemana lo hace un escaso 1,2%. 

El PIB de Irlanda, evidentemente hinchado por sus políticas fiscales diseñadas para atraer a las corporaciones tecnológicas era de 307.000 M€ en 2016. Tanto es así que su Oficina Estadística decidió devaluarlo un 30% en 2017. Poco es.  Si su productividad contable se ajustara a la real (y ésta fuera como la de Alemania) su PIB debería ajustarse a la baja un 84% hasta 167.000 M€.

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Recuperando la memoria de la crisis del 2008 y cómo nos torcieron la muñeca

Noam Chomsky nos enseña que la historia se nutren de los consensos dominantes y estos se construyen de los mensajes que se imponen desde los medios de comunicación de influencia global. No deberíamos olvidar nunca las lecciones de la crisis del  2008.

El desplazamiento de la responsabilidad sobre sus orígenes fue la mayor operación de distorsión de la realidad conocida hasta el momento (aunque lo de “las armas de destrucción masiva” tampoco estuvo mal). Cuando se hizo patente que el origen de la crisis se encontraba en EE.UU, el centro financiero del mundo, y, subsidiariamente, en la City londinense, se hizo indispensable desplazar el foco de atención (y el pánico político) fuera de los países anglosajones: primero hacia los países centrales europeos y, luego, hacia los países del sur.

Aunque el primer diagnóstico no pudo evitar centrarse en las subprime y otros productos tóxicos emitidos desde EE.UU y comercializados por los bancos de Alemania, Holanda e Inglaterra, pronto se inició una gran campaña de dispersión de responsabilidades (todos somos culpables) que, en seguida, sacó el foco de la banca privada para trasladar el peso a los estados, el sector público y a los ciudadanos que “vivieron por encima de sus posibilidades”

El uso de tópicos y estereotipos muy asentados en la lógica etnocentrista se convirtió, una vez más, en un mecanismo extremadamente eficaz en la batalla de las opiniones públicas. El acrónimo PIGS (“cerdos”referidos a Portugal, Italia, Grecia y España) es relanzado en 2008 por medios anglosajones de prestigio, desde Newsweek a Wall Stret Journal mientras el Frankfurter se destacaba como correa de transmisión de los halcones alemanes en beneficio de la austeridad impuesta. 

El título racista  (“Pigs in muck” es decir, “cerdos envueltos en barro”), con el que el Finantial Times encabezaba una crónica publicaba en septiembre de 2008 acaba siendo determinante en la construcción de estereotipos utilizados por la extrema derecha en Holanda, Noruega, Finlandia, Dinamarca… contra los vagos y ociosos del sur.  Su uso se multiplica por tres entre 2008 y 2010 y desborda la red como símbolo de un nuevo consenso prefabricado.

La actuación de esos medios globales de referencia fue decisiva para aplicar ajustes implacables a los acreedores y derrotar políticas nacionales de resistencia  en los países del sur, entonces gobernados por socialistas (Grecia, Portugal, España), contribuyendo a desestabilizarlos políticamente fomentando la crispación interna hasta cortejar la hecatombe.

Todo ello  acaba adobando de desprecio las debilidades reales o ficticias de las economías periféricas en un juego de profecías autocumplidas.

Dispuestos a reeditar los desequilibrios de la crisis del 2008

La victoria de la lógica financiera sobre la productiva en la crisis del 2008 se puede replicar ahora con actores y argumentos similares.

El interés por focalizar los problemas en la deuda pública y en la actitud de los ociosos del sur no hace sino ocultar la elevada deuda corporativa privada como principal problema a corto plazo. Un sector empresarial excesivamente «financiarizado» ha estado extrayendo valor de la economía para premiar a los accionistas con planes de recompra de acciones. Se localiza en EE.UU pero es un fenómeno de la que Europa no está ausente.

El riesgo de una contracción súbita de balances afectaría especialmente a los países mas endeudados. En ese sentido, la “frugal” Holanda tiene una bomba de relojería en su economía: considerando la deuda en su conjunto, tanto privada como pública, los Países Bajos están tan endeudados como Grecia y mucho más que España o Italia.  La deuda privada en Holanda era según las últimas cifras del 242% del PIB mientras que en España es del 131,2% del PIB.

Es así porque los hogares holandeses son los segundos más endeudados del mundo después de los daneses, más del doble que griegos o españoles e incluso casi tres veces más endeudados que los italianos. Casi toda la deuda de los hogares proviene de préstamos para la vivienda.

Hay que centrarse en los problemas reales de los ciudadanos. La batalla contra la economía financiarizada, la que alimenta lógicas rentistas y ahogan recursos para el desarrollo de proyectos de reconstrucción, es el principal reto pendiente de Europa.

Pero, ojo, ya lo era en la crisis del 2008 y salimos derrotados.

Dublín ha declarado en muchas ocasiones que un impuesto sobre las tecnológicas suponía para Irlanda un peligro “superior al del Brexit”. La UE la ofreció su apoyo en ese momento a cambio de que deje de actuar como un paraíso fiscal…  pero con poca presión.

Es hora de ponerse serios. No queda otro remedio que explorar el artículo 116 del Tratado de Lisboa que permitiría sortear la unanimidad en el Consejo y abrir un expediente para declarar paraísos fiscales a los países rentistas que se presentan como frugales.


Ignacio Muro, Economista. Miembro de Economistas Frente a la Crisis. Experto en modelos productivos y en transiciones digitales. Profesor honorario de comunicación en la Universidad Carlos III, especializado en nuevas estructuras mediáticas e industrias culturales. Fue Director gerente de Agencia EFE (1989-93). @imuroben View all posts by Ignacio Muro →

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